Invertir es utilizar capital en una actividad con la expectativa de obtener un retorno en el futuro. Antes de pensar en cómo empezar nuestro camino inversor, la primera pregunta que debemos responder es:

¿Por qué invertir? ¿Qué sentido tiene arriesgar nuestro capital en activos con retornos inciertos?

Para verlo, vamos a introducir el concepto de inflación. La inflación es el proceso mediante el cual, de forma sostenida y generalizada, los bienes y servicios aumentan de precio en el tiempo. De esta forma, de facto, perdemos poder adquisitivo:con la misma cantidad de dinero, podemos adquirir menos bienes y servicios, por lo que, ceterisparibus, nuestro patrimonio se ve reducido, aunque en términos nominales no veamos cambio alguno. Las causas de la inflación no son, a menudo, claras; existen varias teorías que lo explican, aunque algunas de las más comunes la relacionan con el aumento de la masa monetaria.

La inflación no es el único estado posible (pueden existir periodos deflacionarios), aunque con el aumento de la deuda soberana, los estados tienen especial interés en mantener tasas de inflación positivas. Es un efecto silencioso, del que no tenemos consciencia directa en nuestro día a día, pero que nos va empobreciendo. A continuación incluyo gráficos con la evolución de la inflación en España (en algunos periodos, incluso superior al 15%,  generalmente cuando existe fuerte expansión económica), así como la evolución de la deuda pública:

Como referencia, el PIB de España en 2019 fue de unos 1.200MM€, por lo que la deuda supera ya el 100% del PIB. Para facilitar su pago, a los estados les interesa mantener tasas de inflación positivas.

Para combatir la inflación y mantener nuestro poder adquisitivo debemos hacer crecer nuestro capital a una tasa mayor a la inflación. Existen múltiples  opciones de activos donde invertir (empezar un negocio, capital riesgo, inversión inmobiliaria, renta variable, renta fija…). La siguiente gráfica, incluida en el libro Stocks forthelong run, de Jeremy Siegel, muestra la evolución de 1$ invertido en 1802 en algunos de los activos más populares durante 200 años.

El ejemplo numérico concreto corresponde a datos de USA, aunque es válido para cualquier región (obviamente, con otros número). Como apunte, el retorno de la inversión inmobiliaria, también para USA,estaría entre los bonos y el inmobiliario (sobre el 5% anualizado).

También como dato curioso, el dólar fue valor refugio hasta 1944 (su gráfica es idéntica a la del oro), por la “equivalencia” entre estos dos activos (patrón oro), desvirtuada con los acuerdos de Bretton Woods en este año, y su rotura definitiva en los 70 (fuerte caída del gráfico del dólar).

Para el profano, puede ser chocante que, teniendo un retorno anualizado que es más de la mitad que el de las acciones, los bonos produzcan, a lo largo de 200 años, un retorno nominal ¡400 veces menor! Esta diferencia se explica por el efecto del interés compuesto, que desarrollaremos en artículos posteriores.

Si no hubiésemos hecho nada, 1$ de nuestro patrimonio, valdría hoy en día solo 0.05$ (pérdida del 95%).

Varios estudios corroboran estos datos: en el largo plazo, el activo más rentable son las acciones. ¿Qué son realmente? Las acciones son fracciones negociables de una empresa, esto es, al invertir en acciones estamos adquiriendo un porcentaje de participación en una compañía, lo que nos da derecho a la parte proporcional a nuestra participación de sus beneficios.

Sí, hemos visto el retorno, pero… ¿Qué hay del riesgo?

A través de los medios y la (des)información popular, se traslada una imagen especulativa y con un componente de riesgo muy alto de la inversión en bolsa (mercado de acciones), en contra de lo que muestran los datos:

Periodos Cortos

Esta gráfico (nos interesen las columnas rojas) nos muestran el retorno de dos de los principales índices (agrupación de las acciones más representativas) bursátiles americanas, con una ventana temporal de 1 año. Se observa como, en periodos cortos, se han dado rentabilidades extraordinarias positivas (60%-100%), pero también fuertes caídas (-40%). Es una foto de la volatilidad, esto es, la variabilidad que presentan los retornos de la renta variable en el corto plazo.

Periodos Largos

Los resultados son totalmente distintos cuando observamos periodos más largos. En cualquier periodo de 15 años observado, nunca se han obtenido rentabilidades negativas mediante la inversión en bolsa. Este efecto separa, en la práctica, riesgo y volatilidad: a corto plazo existe gran incertidumbre sobre el retorno que podamos esperar, que queda disipada en horizontes temporales más largos.

De hecho, ¡la peor rentabilidad posible para los índices bursátiles en un periodo de 15 años, es muy superior a la obtenida con activos considerados seguros, como los bonos del tesoro!

En el corto plazo pueden existir (y existen) periodos de fuerte volatilidad, como el experimentado en marzo y abril de este mismo año, con lo que pueden darse rentabilidades negativas (y muy negativas, como vemos en el primer gráfico) pero, en el largo plazo, la evolución de las acciones sigue la de la economía y si, como yo, somos optimistas sobre el progreso de la humanidad, los resultados serán, forzosamente, positivos.

El riesgo real e inevitable es no hacer nada: de forma lenta, pero inevitable, nuestro poder adquisitivo se verá reducido.

Autor: Albert Millan

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